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Ruinas del Saladero Grande de Hipólito Lesca. Colectividad Vasca de Concordia

escrito por Concordia    martes, 12 de julio de 2016

 El ballet Gazte Lurra realizó una sesión fotográfica en las Ruinas del Saladero de Concordia, fundado por el vasco Hipólito Lesca, lugar histórico en nuestra ciudad.

El Saladero Grande —como se lo conoció— fue, en su época de apogeo (1904-1914, aproximadamente) un verdadero emporio de trabajo, quizá el principal de nuestra ciudad, afirma el cronista H. E. Arambu­ro, quien volcó en las páginas de La Calle del 27 de septiembre de 1969, los datos que recogió en fuentes particulares dignas de confianza.

Hipólito Lesca fue el fundador del estable­cimiento. Vasco español, trajo consigo una cantidad de compatriotas, en la mayoría de su mismo origen, con quienes constituyó el elemento básico necesario para iniciar la monumental obra que culminó posiblemente, hacia 1880.

Se levantaba en el actual Barrio Nebel. La ad­ministración y casa de familia con habitaciones “de alto”, estaba compuesta por varios edificios. Todo el frente a la calle oeste era resguardado por muros con rejas de hierro, a través de las cuales podía observarse el amplio jardín. Las instalaciones del saladero en sí la componían varios galpo­nes de madera y techo de cinc y pisos de material.

Se supone que el edificio cubierto y cerrado co­rrespondería a lo que fue la fábrica de extracto de carne, con instalaciones de calderas a vapor, inde­pendientes de las grandes calderas y las llamadas tinas de hierro, donde —con el vapor— se cocina­ban los esqueletos de los animales.

Sobre el río, casi, se elevaba otro galpón, el que se conocía como “La Tonelería”, pues allí se armaban los cascos de roble que llegaban de Europa. El agua era extraída directamente del río, por me­dio del bombeo con una máquina a vapor, alimentada por las calderas principales.

El muelle de madera, al que llegaban los barcos y chatas para carga o descarga, se comunicaba di­rectamente con la parte central del saladero por medio de una vía, con un desvío.

Era común que el personal del establecimiento cruzara el río Uruguay para hacer sus compras. Fren­te al saladero de Concordia, río por medio, había otro similar, conocido con el nombre de “La Conser­va”. Allí, en una casa de comercio llamada “La Pa­gadora” (en nuestra ciudad había otra con el mismo nombre) hacían su surtido los trabajadores de esta banda. Les resultaba más fácil atravesar el río en bote o chalana, que siempre había disponibles en la costa, que llegarse hasta el pueblo por la calle Salta, única arteria utilizable. Como no había vi­gilancia ni control, hacer las compras en “el otro lado” en días de descanso, constituía también un paseo. En cuanto a la moneda usada, era la misma en uno u otro lado del río (libra esterlina oro), por lo cual no había diferencias de cambio.

De manos de Hipólito Lesca, el Saladero Grande pasó a otro saladerista: Bautista Suburu. Pos­teriormente, fueron sus dueños los hermanos Dickin­son, de origen inglés. Luego lo dirigió el señor Nebel, de Gualeguaychú. A su fallecimiento, quedó en manos de su hijo Eduardo. Éste, su último dueño, alquiló, al tiempo, las instalaciones del saladero a la entonces recién constituida Cooperativa de Ga­naderos, quienes faenaron allí sus haciendas duran­te algunos años. Ante la buena marcha de los nego­cios, fue necesario una ampliación. Así la Cooperativa de Ganaderos se instaló en la zona del Yuquerí, y fue la base del frigorífico de ese nom­bre.
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