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JOSE MARIA DE ETXEZARRETA. 1º Presidente de Eusko Etxea de Caracas.

escrito por Caracas - Centro Vasco    jueves, 21 de marzo de 2013

 Etxeazarreta entregando trofeos

Nuestro primer presidente, José María de Echezarreta, nació el 9 de abril de 1908 en Donosti (San Sebastián), Gipuzkoa. Se caso con Juana Zubiri, oriunda de Tafalla, Nabarra. Llego a Venezuela junto a muchos otros exiliados proveniente de Francia en 1939, ya tenía una hija, Jayone, nacida en Donosti. Se estableció en Caracas donde ayudo con la formación y fundación del primer Centro Vasco de Venezuela, el de Cipreses a Velázquez en Caracas, en 1941, donde fue nombrado Presidente. Ese mismo año logro traer a Venezuela a su esposa e hija.

Aquí en Caracas nació su hijo varón Iñaki.

No solo se dedico a la parte organizativa y administrativa del Centro Vasco, sino también se preocupo del área deportiva preocupándose de no dejar perder nuestro deporte, por lo cual participo en la primera Comisión de pelota que existió en Venezuela, organizando diversos Campeonatos donde también jugó como pelotari. Asi mismo actuó activamente en el Partido Nacionalista Vasco,   llegando a ser Presidente del mismo en Venezuela.

 

 Primera junta Directiva

 

 

En el Centro Vasco de Truco a Balconcito continuo con su esmerada participación y dedicación por el Centro Vasco, donde fue concesionario en algún momento.

 

Ya con nuestra Eusko Etxea en El Paraíso, nuevamente fue Presidente, donde fue reelegido.

 

En su profesión de Linotipista, en Venezuela trabajo en varios periódicos, La Esfera, El Heraldo y El Mundo.

Murió el 10 de enero de 1970 en la ciudad de Caracas.

 

 

Para reflejar claramente quien fue José María Echezarreta, tomamos un artículo publicado en el anuario de la Revista Euzkadi publicado en 1962 con motivo de los 20 años de fundado el Centro Vasco de Caracas.

“NUESTRO PRIMER PRESIDENTE

Natural es que entre una institución y el hombre a cuyo impulso ella surgió a la vida exista una similitud de características que, a simple vista revelan la estrecha relación que a ambos vincula.

Pero no es tan fácil que a una entidad como el Centro Vasco, cuya creación no fue ni podía ser la obra de un hombre, sino algo que nació en virtud de una necesidad espiritual que,  hondamente, se hacía sentir entre los dispersos miembros de una comunidad nacional que, arrojados de su solar inmemorialmente poseído, habían de rehacer sus vidas en lejanas aunque acogedoras tierras, encontrase, desde el primer instante de su constitución, un hombre tan cabalmente representativo de toda su razón de ser.  Y, sin embargo, asi fue.

Porque, en aquel modesto primer Centro Vasco de Velásquez a Cipreses, vino a ocupar la presidencia un hombre modesto también, sin títulos académicos ni económicos de ninguna clase. Porque, para representar entre los vascos de aquí a la Patria lejana, fue elegido un vasco típicamente racial. Porque cuando institución comenzó a moverse, al principio con modestia y con más ambiciones después, se fue viendo que, al compás de la posibilidad de cada momento, en los problemas puramente domésticos, lo mismo que en aquellos otros de proyección externa, actuaba con sencillez, pero con consumada prudencia, con una enorme dosis de ese sentido práctico que no se compra ni se hereda, y de ese instinto diplomático que no se aprende en los libros ni en las aulas universitarias, un hombre hecho para comprender y ser comprendido, para estimar y ser estimado, vale decir, un dirigente nato, aun sin ambicionarlo ni proponérselo siquiera.

Cómo fue valorada actuación se vio al cabo de pocos años cuando –caso muy raro en nuestros medios– fue reelecto en su cargo presidencial, y se confirmó después, al ser elegido -caso ya único- para Presidente otra vez.

Y, desde entonces, sin necesidad de más reelecciones ni nombramientos especiales, todos sentimos que aquel nuestro primer sigue y seguirá ya gozando de esa categoría, en la estimación de todos los socios.

Todos lo sentimos así, al ver atravesar el salón, repartiendo y recibiendo en cada mesa abrazos y saludos, a ese noble valor humano acuñado en metal vasco: a ese hombre bueno, hecho todo de comprensión, cordialidad y simpatía que se llama José María Echezarreta.”

“En este recuerdo al primer presidente del Centro Vasco, también merecen nuestro recuerdo y gratitud aquellos hombres que en agosto de 1940 comenzaron a idear y proyectar el primer Centro Vasco. Angel Aznar, Ilari Ariño, Triki Azpiritxaga, Bitor Elgezabal y Blas Garate vienen a estas páginas de la revista del 20° aniversario para que les rindamos nuestro homenaje y constatemos nuestro agradecimiento.”

 

 

 

 

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